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miércoles, 9 de marzo de 2011

AMOR Y CREACIÓN EN LA OBRA DE NAZIM HIKMET

Entre el año que se fue y el año que empieza se celebran dos fechas redondas de uno de los poetas capitales del siglo XX, Nâzim Hikmet, nacido el 15 de enero de 1902, en Salónica, y fallecido en Moscú el 3 de junio de 1963, tras haber pasado una quincena de años en las cárceles de su país, del que tuvo que huir clandestinamente lanzándose al mar Negro en una frágil embarcación. Privado de su nacionalidad por el Gobierno, que prohibió sus obras y consiguió que el nombre del máximo poeta turco desapareciera incluso de los manuales de literatura, fuera de su país, sin embargo, su persona, aureolada por su pasado de combatiente comprometido con la suerte de su pueblo, adquirió una dimensión extraordinaria, acrecentada por su participación en el movimiento por la paz y el desarme.







La relación entre sentimiento amoroso y creación, y más particularmente en el caso de la poesía, parece tan evidente que no necesita demostración. Y, aunque podrían alegarse excepciones, como la poesía de Extremo Oriente, en que la naturaleza, el paso del tiempo, las sensaciones... reemplazan como fuente de inspiración al sentimiento amoroso, abandonado en el terreno de lo indecible, en el caso de Nâzim Hikmet, la relación entre sentimiento amoroso y creación puede rastrearse en toda su obra, y alcanza su más alto grado en sus Últimos poemas, pues, si durante la década de los años cincuenta -coincidiendo con su exilio en la URSS y su participación en el movimiento por la paz- había puesto su inspiración al servicio de su ideal comunista y en contra de la carrera armamentista -algunas de sus composiciones de aquella época alcanzaron merecido eco, como La niña, inspirada en la tragedia de Hiroshima, cantada por Pete Seeger-, en los últimos años de su vida las composiciones de contenido político van cediendo paso a otras de muy depurado lenguaje, dominadas por el sentimiento amoroso, la nostalgia, la proximidad de la muerte. Si atendemos a su obra poética, sólo fueron tres las mujeres que ocuparon el corazón del poeta hasta el punto de hacerse acreedoras de sus versos: Pirayé, Münever y Vera.

Pirayé fue la compañera del poeta, su confidente, consejera y principal apoyo durante los 13 años de hierro en que Nâzim permaneció preso. Cuando Nâzim fue condenado en 1938, se vivían momentos cruciales en Europa, el ascenso de los fascismos parecía imparable y, en Turquía, el denominado "eje Roma-Berlín" suscitaba numerosas adhesiones, especialmente en el Ejército y en el Partido Republicano del Pueblo, en el poder desde la implantación de la República. En consecuencia, se produjo un retroceso de las libertades, los medios de comunicación más críticos con el régimen o de ideología socialista fueron clausurados y sus miembros enviados a prisión. En ese contexto, nadie se atrevió a protestar contra la injusticia de que era víctima Nâzim, quien, además, había sido excluido del partido comunista turco, acusado de actividades antiestalinistas y desviacionismo burgués, por lo que se encontró completamente aislado en prisión y sólo pudo contar con el apoyo externo de Pirayé.



Consecuencia de esa especial relación que se estableció entre ambos fue que Pirayé se convirtió en la depositaria privilegiada de toda la producción del poeta durante aquellos años y, además, en destinataria personal de muchísimas cartas y poemas, entre los que destacan los contenidos en los libros Poemas de las 21-22 horas escritos para Pirayé y Desde las cuatro cárceles. La primera obra es una compilación de los 32 poemitas enviados a Pirayé entre septiembre y diciembre de 1945, redactados entre las nueve y las diez de la noche, la hora que el poeta se reservaba para estar a solas con su amada.

24 de septiembre de 1945: "El más hermoso de los mares: / El que aún no hemos atravesado. / El más hermoso de los niños: / El que aún no ha crecido. / Los más hermosos de nuestros días: / Los que no hemos vivido aún. / Y la palabra más hermosa que te quiero decir: / La que aún no te he dicho".




Münever fue la llamada de la vida, la belleza y la juventud; una llamarada de pasión al atisbar la libertad; volver al mundo y reencontrarlo tal cual, como era 13 años antes; borrar de un plumazo las secuelas de las torturas y los malos tratos, los amargos recuerdos, las humillaciones sufridas; olvidar que el hombre que entró en la cárcel tenía 36 años, y el que de ella sale, casi 49, y un corazón cansado, que ya ha sufrido una angina de pecho. Münever es renacer a la vida, tener el ansiado hijo, el regreso de los sueños. Pero éstos no duraron mucho, pues Nâzim, que salió de la cárcel en 1950 tras una dramática huelga de hambre y una considerable movilización internacional en la que entre otros participaron Tristan Tzara, Yves Montand, Picasso, Aragon, Camus, Sartre, Simone de Beauvoir, Paul Robeson, se vio obligado a exiliarse de nuevo, dejando atrás a su mujer y a su hijo, huyendo nuevamente del cerco del Ejército turco, que no se resignaba a su puesta en libertad y lo había convocado a filas y destinado a un perdido lugar de donde temió no regresar con vida.




Nostalgia: "Cien años han pasado sin ver tu cara / Enlazar tu cintura / Detenerme en tus ojos / Preguntar a tu clarividencia / Acercarme al calor de tu vientre. // Hace cien años que en una ciudad / Una mujer me espera. // Estábamos en la misma rama, en la misma rama. / Caímos de la misma rama, nos separamos. / Cien años nos separan / Cien años de camino. // Hace cien años que en la penumbra / Corro detrás de ella".

El poema anterior, escrito tras nueve años de separación de Münever y de su hijo Memet, a quienes el Gobierno turco mantenía como rehenes, impidiéndolos reunirse con Nâzim Hikmet, está escrito cuando ya el poeta ha vuelto a enamorarse, otra vez de una mujer joven, Vera, casada y madre de una hija.




Esta vez, el poeta se siente ya próximo a la muerte -aunque aún no ha cumplido los 60, ha sufrido varios infartos desde aquella angina de pecho que lo puso al borde de la muerte en la cárcel de Bursa-, y el amor y la muerte codeándose lo arrastran en un torbellino en el que se suceden los viajes -a Cuba, a Tanganika, a Egipto- y escribe su poesía más depurada, de la que adelantamos algunos de sus Últimos poemas, cuyo segundo volumen publicará Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

El País, Babelia, 11 de enero de 2003




jueves, 29 de enero de 2009

"Un centenario en la penumbra"

Fernando García Burillo
Nâzim Hikmet, un centenario en la penumbra
(Disenso, nº 37, junio de 2002)

El pasado 15 de enero se cumplió el centenario del nacimiento de uno de los poetas cumbres de la poesía del siglo XX: Nâzim Hikmet. El poeta turco, que transformó la poesía de su país, liberándola de los ya gastados corsés de la métrica otomana y haciéndola entrar de lleno en la modernidad, pagó con 13 años de cárcel y otros tantos de exilio su compromiso con su pueblo y su negativa a doblegarse ante quienes quisieron acallar su voz.

En 1921, es decir, cuando el poeta apenas tiene 19 años, viaja a la URSS en compañía de su amigo Va-Nu, en busca de nuevos horizontes y huyendo de la guerra, el conservadurismo y un feroz anticomunismo -los integrantes del primer círculo comunista turco acaban de ser asesinados a sangre fría en alta mar-. Allí se establecen en Moscú y se dejan arrastrar por la euforia revolucionaria y la eclosión artística del momento. Son los años en que Maiakovski, en la poesía, y Meyerhold, Stanislavsky y Vakhtangov, en el teatro, los géneros que más atraen al joven Nâzim, rompen los viejos moldes; y son también los años de aprendizaje del poeta.
En diciembre de 1924, regresa a Estambul y se integra en la redacción de Aydïnlïk (Claridad), la revista teórica del Partido Comunista, definitivamente cerrada en febrero de 1925, coincidiendo con las medidas excepcionales adoptadas por el Gobierno, que tomó como pretexto el alzamiento kurdo capitaneado por el jeque Said. Al mes siguiente, los redactores de Claridad y un numeroso grupo de militantes de izquierda fueron detenidos y procesados, y el propio Nâzim Hikmet, aunque logró eludir la cárcel huyendo a Esmirna y pasando a la clandestinidad, fue condenado a 15 años de prisión, por lo que, en septiembre de 1925 volvió a escaparse a la Unión Soviética.



Nâzim con Nüzhet en Moscú


Sin embargo, la situación en la URSS ya no era la misma, y aunque participó en la creación de un teatro-estudio, la compañía METLA, ésta se disolvió en marzo de 1927, al poco de concluir los trabajos del XV Congreso del PCUS, que selló la victoria de los principios propugnados por Stalin.
En julio de 1928, Nâzim Hikmet regresa a Turquía, pero es detenido en la frontera y, tras seis meses de prisión preventiva, condenado a tres meses de cárcel y, consiguientemente, puesto en libertad. La represión que se cebó en aquellos años contra los comunistas, amparada en los poderes omnímodos de Mustafá Kemal y del Partido Republicano del Pueblo, provocó la desorganización del movimiento y la aparición de diversas facciones. A comienzos de la década de 1930, Nâzim Hikmet y otros camaradas fueron expulsados del partido, acusados de actividades antiestalinistas y de desviaciones burguesas, por preconizar una mayor democracia interna y cuestionar la infalibilidad de las orientaciones del Komintern.
 

 6 de mayo de 1931: Nâzim durante uno de los muchos procesos a que fue sometido.

Entre tanto, en abril de 1929, había publicado 835 Satïr (835 líneas), una colección de poemas de corte constructivista que alcanzó dos ediciones, y, antes de acabar ese mismo año, Jokond ile Si-Ya-U (La Gioconda y Si-Ya-U). Por aquellas fechas, se sumó a la redacción de Resimli Ay (Mensual Ilustrado), una revista de concepción vanguardista que congregó a un grupo de escritores y artistas empeñados en "derribar los ídolos", según la fórmula acuñada por Nâzim en una célebre serie de artículos que provocaron un considerable revuelo y le costaron la feroz animadversión de ciertos personajes influentes, que se sintieron retratados en aquellos ídolos con pies de barro.

ACTIVIDAD CREADORA. Como si Nâzim presintiera la amenaza de la cárcel, despliega una incesante actividad creadora: en 1930 publica dos nuevos poemarios: Varan 3 (Y van 3) y 1+1=2, este último escrito al alimón -lo que frecuentemente se olvida- con Nail V. (Nail Çakïrhan); en 1931, Sesini kaybeden Sehir (La ciudad que perdió la voz), ilustrado por Abidin Dino, y, en 1932 una antología de poemas, Gece Gelen Telegraf (Telegrama nocturno) y Benerci kendini Niçin Öldürdü? (¿Por qué se ha suicidado Benerci?), una composición que guarda muchos paralelismos con La Gioconda y Si-Ya-U por su libérrimo estilo y la alternancia de verso, prosa y diálogo, que, en cierta manera, prefiguran ese nuevo género -o esa ausencia de género- que se popone fundar con su obra más ambiciosa, que redactaría durante sus largos años de cárcel: Paisajes humanos de mi país. También escribió teatro: Kafatasi (El cráneo) y Bir Ölü Evi (La casa de un muerto) fueron estrenadas en Estambul en 1932.
Es en estos años cuando conoce a uno de los grandes amores de su vida, Pirayé, una joven de apenas 22 años. Su relación quedó truncada en marzo de 1933 con la detención de Nâzim, acusado, en unión de 23 camaradas, de asociación ilegal y de pretender implantar en Turquía el régimen de los soviets. Durante el juicio, celebrado en Bursa en noviembre de aquel año, el fiscal reclamó la pena de muerte para los acusados. Algo más de un año después, tras su puesta en libertad gracias a la amnistía promulgada en agosto de 1934 con ocasión del décimo anivesarsio de la República, ambos retomaron su vida en común y contrajeron matrimonio en enero de 1935.
 

 Nâzim y Piraye en 1941

Nâzim, que en esos años de la década de 1930, marcados por el ascenso de los fascismos en Europa, sufre un doble ostracismo, apartado de la prensa, en la que tiene que resignarse a colaborar bajo seudónimo, y apartado del sector mayoritario del Partido Comunista turco, que lo considera un desviacionista burgués, no por eso abandona su impulso militante y escribe dos largos poemas narrativos que pueden considerarse auténticas obras maestras en su género: Taranta-Babu'ya Mektuplar (Cartas a Taranta Babu), sobre la invasión de Etiopía por las tropas de Mussolini, publicado a finales de 1935 y recogido en Commune, la revista animada por Louis Aragon, en marzo de 1936, y Seyh Bedreddin Destani (Leyenda del jeque Bedreddin), publicada en 1936, en la que recoge la revuelta de signo antifeudal que en el siglo XIV protagonizó la secta Simavi, constituida por musulmanes, judíos y cristianos. Otro aspecto más del compromiso de carácter antifascista del autor lo constituye el largo poema titulado Talihsiz Yusuf'un Gemisiyle Barcelon'a Seyahat (Rumbo a Barcelona en el barco del desdichado Yusuf), publicado a finales de 1937, coincidiendo con el avance de las fuerzas nacionalistas en la guerra civil española, que estuvieron a punto de tomar Madrid, y la entrada en combate de las Brigadas Internacionales.

 Nâzim en los estudios Ipek de Estambul, en los que trabajó de guionista.




REACCIÓN DE LOS 'VIEJOS ÍDOLOS'.
A finales de 1937 y comienzos de 1938 se gesta una auténtica conspiración contra Nâzim Hikmet, con el objetivo de acallar su voz de por vida, para lo cual era necesario sustraerlo a la jurisdicción civil y entregarlo a la militar. En este tiempo el poeta ha de afrontar dos procesos: En el primero, el motivo, aunque de extrema inconsistencia, lo brinda un grupo de alumnos de la Academia Militar apasionados por la literatura y de ideas progresistas, a quienes en el curso de un registro se les descubre algunos libros del poeta. A pesar de tratarse de libros legalmente publicados que podían adquirise libremente, la jurisdicción militar inicia un proceso contra Nâzim Hikmet y veinte alumnos de la Academia Militar, entre otros, en el que se le acusa de conspiración militar e incitación a la indisciplina y a la rebelión (este último cargo podía castigarse con la pena de muerte). El juicio concluye con elevadas condenas, pero es Nâzim quien se lleva la palma: 15 años de prisión.
El segundo proceso lo incoa contra él la Armada, por los mismos motivos: la detención de algunos cadetes a los que se había soprendido con libros del poeta. En este caso, la falta de pruebas y el hecho de que se esgrimiera como acusación principal la militancia comunista de los procesados, que entraba dentro de la jurisdicción civil, hacía presagiar una sentencia absolutoria. Sin embargo, las condenas fueron también de una inesperada dureza, en particular la recibida por Nâzim: 28 años y 4 meses.
 

 1940: Nâzim en la cárcel de Çankiri con Piraye y el también escritor Kemal Tahir

Nâzim llegó a la prisión de Bursa en diciembre de 1940, para cumplir una larguísima condena que, de hecho, para un hombre como él, de 38 años y con una salud frágil, equivalía a una cadena perpetua. Allí, en las celdas de la prisión de Bursa, coincidió con dos jóvenes que había sido condenados, con tan sólo 16 años de edad, a duras penas de cárcel y a los que ayudó a desarrollar sus facultades artísticas, como en la cárcel de Çankïrï hiciera con Kemal Tahir: Orhan Kemal, condenado a 5 años de cárcel por propaganda comunista, que acabaría convirtiéndose en uno de los escritores fundamentales de la Turquía contemporánea, e Ibrahim Balaban, un joven contrabandista a quien Nâzim enseñó a pintar, y que se convirtió al cabo de los años en uno de los valores más cotizados de la pintura turca.
Durante los 10 años prácticamente ininterrumpidos que Nâzim pasó en la cárcel de Bursa, escribió sus Saat 21-22 Siirleri (Poemas de las 21-22 horas), en un lenguaje deliberadamente simple y dedicados a Pirayé; pero, sobre todo, avanzó en su obra más ambiciosa, Memleketimden Insan Manzaralarï (Paisajes humanos de mi país), en la que se proponía "retratar a su pueblo en diferentes momentos históricos" y en la que trabajó durante 20 años, 13 de los cuales en prisión. Como explicó en sus cartas a Kemal Tahir, no era un libro de poesía, pues aunque hubiera elementos de poesía, también los había de prosa, teatro y cine.



1948: en la cárcel de Bursa.






CAMPAÑAS Y HUELGA DE HAMBRE. Durante los últimos años de la década de 1940, Turquía necesita abrirse a Occidente y crecen las esperanzas de un cambio político y de una liberalización del régimen, en la práctica de partido único. Coincidiendo con este nuevo clima, Va-Nu, su gran amigo de juventud, con quien había roto a raíz de sus diferencias políticas, le visita en prisión y renace la vieja amistad. También le visita un prominente periodista, Ahmet Emin Yalman, propietario del periódico Vatan, que siendo de origen judío, ha chocado con el régimen por la imposición de un impuesto que penalizaba exclusivamente a las minorías de origen griego, judío y armenio, y que, además de apreciar la poesía de Nâzim Hikmet, quiere acabar con la mala imagen exterior de Turquía que provoca la injusta y prolongada encarcelación del poeta, contra la que ya se han iniciado diversas movilizaciones en el extranjero, particularmente en Francia.
En ese periódico se inicia una campaña por su libertad, a la que pronto se suma Mehmet Ali Sebük, un influyente abogado que ha estudiado criminología en Francia, quien inicia una serie de artículos desvelando las irregularidades de los procesos a que fue sometido el poeta. Pero sus argumentos y las apelaciones ante el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional fueron desestimados. No obstante, sus esfuerzos, en un clima de cierta liberalización del régimen, contribuyeron a crear un ambiente de opinión favorable a la liberación del poeta, aunque muchos comprendieron que ésta no se produciría mientras el Partido Republicano del Pueblo, el partido único surgido de la revolución kemalista, siguiera en el poder.
En su estancia en la cárcel comienza una nueva relación. Se enamora de su prima Münever, con la que viviría después de su excarcelación en 1950.






Su salud sigue deteriorándose y, en septiembre de 1949, se crea un comité internacional para su liberación, animado por Tristan Tzara y al que prestaron su apoyo Yves Montand, Picasso, Aragon, Camus, Sartre y Simone de Beauvoir, entre otros. Las manifestaciones llegaron hasta el corazón de Estados Unidos, y el cantante Paul Robeson -marginado durante la época maccartista y que más adelante sumaría a su repertorio la canción titulada "La niña muerta", sobre la destrucción de Hiroshima, con letra de Nâzim Hikmet y música del compositor checo Vaclab Dobias- prestó todo su apoyo a la campaña.
En este contexto, el poeta, que ya había tratado de suicidarse en prisión ingiriendo una elevada dosis de barbitúricos, comenzó el 2 de mayo de 1950 una desesperada huelga de hambre que contribuyó a sacar de su indiferencia a una parte de la sociedad turca.
El 14 de mayo, ante el agravamiento de su estado de salud, había sido ingresado en un hospital. Sus amigos empezaron a temer seriamente por su vida, pues el Gobierno no tomaba ninguna iniciativa, y Nâzim seguía firme en su empeño, por lo que comisionaron a uno de sus mejores amigos, el pintor Abidin Dino, para convencerle de que abandonara la huelga de hambre, hasta que tomara posesión el nuevo Gobierno del Partido Demócrata. Finalmente, tras recibir múltiples llamamientos, el 20 de mayo aceptó interrumpirla. Pero su liberación, como muchos temían, no se produjo hasta el 14 de julio, cuando la nueva Asamblea Nacional, ahora dominada por el Partido Demócrata, aprobó una amnistía parcial que permitió la salida de la cárcel de ciento once presos políticos comunistas, entre los que se encontraban, además del poeta, dos de sus mejores amigos: el pintor Ibrahim Balaban y el escritor Kemal Tahir.

LIBERTAD Y EXILIO. Al recobrar la libertad, la primera preocupación de Nâzim fue reunir la obra escrita durante sus años de prisión, que había tratado de preservar repartiéndola entre sus seres más próximos.
En noviembre de 1950, la II Conferencia del Congreso Mundial de la Paz le galardonó con el Premio de la Paz, recibido junto con Pablo Picasso, Paul Robeson, Wanda Jakubowska y Pablo Neruda, que fue el encargado de recogerlo en su nombre, ya que las autoridades turcas no le permitieron acudir a Varsovia. Y no sólo no le concedieron un pasaporte, sino que reabrieron su expediente militar y recibió una orden de alistamiento para incorporarse a un alejado destino. No hacía mucho que el escritor Sabahattin Ali había muerto en extrañas circunstancias, tras haber sido también llamado a filas a una edad tardía. Nâzim temió ser víctima de una venganza por parte de quienes no se resignaban a saberlo libre cuando habían dispuesto todo para que se pudriera de por vida en prisión. De modo que comenzó a plantearse el exilio. En marzo de 1951 nació su hijo Mehmet y, menos de tres meses después, huía de su país a bordo de una frágil embarcación.
En plena guerra fría, el caso Nâzim Hikmet fue utilizado por la propaganda soviética para contrarrestar el desastroso efecto producido por el Muro de Berlín y las constantes fugas de ciudadanos del Este de Europa a Occidente. De modo que el poeta fue recibido en la URSS con todos los honores e inmediatamente fue aupado a los órganos directivos del movimiento por la paz y el desarme -en 1952 entró a formar parte de la dirección del Congreso Mundial de la Paz-, la cara amable y progresista que entonces presentaban en el exterior los países de la órbita soviética, lo que le permitió gozar de una situación privilegiada, viajar con relativa facilidad al extranjero y conocer a escritores y artistas como Picasso, Sartre, Simone de Beauvoir, Neruda, Tristan Tzara, Nicolás Guillén, Anna Seghers, Miguel Ángel Asturias, Louis Aragon, Jorge Amado, Diego Rivera, Arnold Zweig, Régis Debray... Residió en Moscú hasta su muerte en 1963.


 Con Pablo Neruda durante la época en que Hikmet vivió exiliado en Moscú.


Durante esos años, su poesía -prohibida en su país, donde hasta la simple mención de su nombre, borrado de manuales, antologías e historias de la literatura, era un acto de resistencia- recorrió el mundo, y hoy, mientras en Turquía sus poemas son cantados y recitados hasta en las aldeas más apartadas, para escarnio de quienes pretendieron acallar su voz, en nuestro país la oportunidad que su centenario brinda para recuperar la poesía de quien nunca se doblegó ante la tiranía -ni en Turquía ni en la Unión Soviética, donde llegó a temer por su vida debido a sus críticas a Stalin- parece haber quedado relegada ante la ocasión de revisar la obra de otros autores que se acuerdan mejor con el indiscutible e indiscutido orden vigente.



Con Vera, la mujer que lo acompañó durante los últimos años de su vida.

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Obras de Nâzim Hikmet publicadas en castellano

Duro oficio el exilio (prólogo, versión española y notas de Alfredo Varela), Lautaro, Buenos Aires, 1959 (reeditado en La Habana en 1975 y en Barcelona, en 1976, por José Batlló).
La miel de la esperanza y otros poemas precedidos de un mensaje a los poetas (traducción de Leonilde Bernasconi), col. Laura, La Habana, 1961.
Leyenda de amor (pieza en tres actos y cinco cuadros), Ariadna, Buenos Aires, 1964.
Antología (selección, traducción y prólogo de Solimam Salom), Visor, Madrid, 1970.
Antología poética, Quetzal, Buenos Aires, 1974.
Poemas (traducción de Alfredo Varela), Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1978.
La nube enamorada (ilustraciones de Malok, traducción de Fernando García Burillo), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 1989.
Últimos poemas I. 1959-1960-1961 (ilustraciones de Pablo Picasso, traducción y presentación de Fernando García Burillo), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 2000.

De próxima publicación:

Poemas finales. Últimos poemas II. 1962-1963 (traducción de Fernando García Burillo y Çagla Soykan), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama.
Paisajes humanos de mi país (traducción de Gül Isik y Fernando García Burillo), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama.

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SELECCIÓN DE SUS ÚLTIMOS POEMAS (*)

El sol y los gritos de los niños en los globos rojos amarillos y verdes
El cielo con sus luces azules
Quién iba a decir que mi historia terminaría así
He entrado en la estación de las lluvias en la estación de las poesías tristes

No esperas nada de mí
Las palabras se quedan entre nosotros sin poder alcanzarnos
En los globos rojos amarillos y verdes el sol y los gritos de los niños
Cansados y desesperanzados contemplamos nuestras palabras.

(Moscú, 11 de mayo de 1962)

...

Te has cansado de llevar mi peso
Te has cansado de mis manos
De mis ojos de mi sombra
Mis palabras eran incendios
Pozos eran mis palabras
Un día vendrá de repente vendrá un día
Sentirás el peso de las huellas de mis pasos
Alejarse las huellas de mis pasos
Y este peso será de todos el más difícil de soportar.

(Moscú, 31 de mayo de 1962)


MI ENTIERRO

¿Mi entierro saldrá de nuestro patio?
¿Cómo vais a bajarme del tercer piso?
El ataúd no cabe en el ascensor
Y las escaleras son demasiado estrechas.

Tal vez el patio esté inundado de sol y haya palomas
Tal vez nieve en medio de los gritos de los niños
Tal vez llueva y esté mojado el asfalto.
Y como siempre los cubos de basura estarán en el patio.

Si como acostumbran aquí me suben al furgón con la cara descubierta
Puede caerme algo de una paloma en la frente: trae suerte.
Venga o no una banda de música habrá niños a mi lado
Los niños siempre sienten curiosidad por los muertos.

La ventana de nuestra cocina me seguirá con la mirada.
Nuestro balcón me acompañará con la ropa tendida.
No podéis saber lo feliz que he sido en este patio.
Vecinos míos a todos os deseo una larga vida...

(Moscú, abril de 1963)
...

Recorrí a toda velocidad tus sueños
Su resplandor ardió y se consumió
Planté un ciruelo
Y saboreé sus frutos.

Amé tanto la tristeza
Sobre todo en las piedras del mar
En la mirada de la gente
Y de repente dejé de amarla

Qué bien que amara la lluvia
Qué bien que pernoctara en la cárcel
Amé a los que no pudieron
Alcanzar toda mi felicidad

Qué bien que amara los regresos
...................................................

(Moscú, 2 de mayo de 1963)

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(*) Los poemas anteriores, inéditos en castellano, pertenecen al segundo volumen de Últimos poemas, que recoge los publicados por Nâzim Hikmet en los años 1962 y 1963, traducidos del turco por Fernando García Burillo y Çagla Soykan y publicados por Ediciones de Oriente y del Mediterráneo en 2008 con el título Poemas finales. Últimos poemas II (1962-1963) [ISBN 978-84-87198-75-5].

"Nâzim Hikmet en Español"

Pese a que Nâzim Hikmet, como muchos autores de su generación, siguió emocionadamente los avatares de la defensa de la República española frente al alzamiento militar, episodio al que dedicó el hermoso poema "Nieva en la noche", cuarta entrega de "Viaje a Barcelona en el barco del infortunado Yusuf", publicada el 1 de enero de 1938, y que, años después, en 1962, al tener noticia desde Moscú de las huelgas mineras en Asturias, escri­bió "España", un emocionado poema en que rememora desde la distancia de sus sesenta años, su perdida juven­tud, identificada con la caída de la República en 1939, la recepción de su obra en nuestro país fue relativamente tardía y se debió, sobre todo, a la fecunda labor de un personaje extraordinario, Solimán Salom, ciudadano turco de origen sefardí afincado en España, donde, en solitario, llevó a cabo una inmensa labor cultural que solo a duras penas sacaba adelante, a fuerza de robar tiempo y atención a su ferretería de la calle Ríos Rosas de Madrid, que le procuraba el sustento cotidiano. La poeta Clara Janés, que vive muy cerca de donde Solimán Salom tenía su negocio, cuenta cómo éste había empla­zado su máquina de escribir en un recoveco detrás del mostrador y no dudaba en despedir con un "vuelva usted más tarde, ¿no ve que estoy ocupado?" al inoportuno que venía a interrumpirle por unos clavos o un picaporte mientras él se afanaba en su extraordinaria versión de Leila y Mecnun o en su no menos importante biografía de Nâzim Hikmet, la primera biografía rigurosa publi­cada sobre el poeta (Nazim Hikmet, Madrid, EPESA, colección "grandes escritores contemporáneos", nº 38, 1970). Este hombre de excepcional cultura, que domina­ba a la perfección el turco, el francés y el español, escri­bía su poesía en francés y español: su primer poemario, Brumes et Soleils, publicado en 1938, cuando aún no había cumplido diecisiete años, en la editorial Tsituris de Estambul, fue seguido de Poèmes (Estambul, 1946), Mon petit fou, (París, 1950), España, escrito ya en espa­ñol e impreso en Madrid en 1955, La roca desnuda (Madrid, 1958), A las puertas del mundo (Madrid, 1963) y El sembrador de tristeza (Madrid, 1970). Pero quizá el aspecto que más interés guarda hoy para nosotros sea su ejemplar trabajo de traductor, desde la citada versión de Leila y Mecnun, precedida de un riguroso estudio intro­ductorio (Madrid, Editora Nacional, 1970), la antología que con el título Poetas turcos contemporáneos publicó en la prestigiosa colección Adonais en 1959, o su selección de Poemas de Yunus Emre (Madrid, Instituto de Estudios Orientales y Africanos, 1974), hasta la Antología de poemas de Nâzim Hikmet (Madrid, Visor, 1970), obra que dio a conocer en España al gran poeta turco, pues, si exceptuamos Duro oficio el exilio, publicado en Barcelona por Batlló en 1976, retomando la versión que el escritor argentino Alfredo Varela había preparado a partir de la traducción francesa en 1959, y un libro publicado en vasco en San Sebastián en 1971 por la editorial Lur (Lau Gartzelak), hay que esperar a 1989 para ver renacer en España el interés por la obra del poeta turco. Ese año ediciones del oriente y del medi­terráneo publicó un álbum ilustrado por Malok del cuen­to La nube enamorada, y aún hubo que aguardar hasta el año 2000 para que esta misma editorial publicara, en edición bilingüe, el primer volumen de sus Últimos poe­mas, que recoge los de los años 1959, 1960 y 1961. En este año de su centenario, la colección El Bardo tiene previsto reeditar Duro oficio el exilio, en la versión de Alfredo Varela, y ediciones del oriente y del mediterrá­neo publicará en el otoño el segundo volumen de los Últi­mos poemas, que recoge los escritos en 1962 y 1963, y la edición íntegra de Paisajes humanos de mi país. Mientras que en España la suerte de la poesía de Nâzim Hikmet estuvo muy mediatizada, como en su propio país, por la carencia de libertades, en Hispanoamérica comenzó a ser conocida mucho antes, casi a la par que en Francia, donde ya en 1951 había aparecido una antolo­gía poética (Poèmes choisis, París, Editeurs Français Réunis): en 1953 la editorial bonaerense Lautaro publi­có Poemas y, en 1959, Duro oficio el exilio (el traductor, Alfredo Varela, trabajó a partir de la versión francesa, pero contando con la opinión del autor, a quien dedicó un interesante prólogo en el que prestaba especial atención a su poética, a partir de las conversaciones que con él mantuvo sobre su obra), edición retomada en 1975 por el Instituto Cubano del Libro; en 1961, con ocasión de la visita de Nâzim Hikmet a La Habana, la librería La Tertulia publicó La miel de la esperanza y otros poemas precedidos de un mensaje a los poetas; y, en 1964, Ariadna publicó en Buenos Aires Leyenda de amor, pieza en tres actos y cinco cuadros. Al interés por la obra del autor turco en Hispanoamérica contribuyó sobremanera la amistad que llegó a establecer con escritores como Pablo Neruda o Nicolás Guillén, que compartieron con Hikmet tribunas y actos multitudinarios con ocasión del movimiento por la paz y el desarme, impulsado por Moscú en aquellos años de guerra fría.
Así, quien visite la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana tendrá la oportunidad de consultar hasta dieciséis títulos de Nâzim Hikmet, en francés, inglés, italiano y español, abundancia que contrasta con los escasos cinco títulos con que cuenta la Biblioteca Nacional de Madrid. Sin embargo, estos últimos años la obra de Hikmet se ha resentido quizá de los nuevos vien­tos políticos que barren el continente americano y única­mente he tenido noticia de publicaciones episódicas, como
Sélime, hijo de Chabane y su libro, un breve extrac­to de Paisajes humanos de mi país que Jorge Lobillo tra­dujo de la versión francesa para Cuadernos del Baluarte (Veracruz, 1995).
Quien desee conocer más sobre la relación de Nâzim Hikmet con Neruda y Nicolás Guillén puede consultar mi artículo "Nâzim Hikmet et le monde hispanique", en el número que, con motivo de su centenario, acaba de dedicarle la revista
Europe (París, junio-julio de 2002, nº 878-879, p. 120-131).
Fernando García Burillo
Cervantes, Estambul, septiembre 2002, nº 4, pp. 6-7.